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Ayer eran las cuatro
y en la espuma del café
escribía tu nombre
destruido con el primer sorbo.
Recorrías mi cuerpo por dentro,
ardiente,
reconstruido con mi propia sangre
impregnada en tus besos.
Ahora son las cuatro, no de ayer,
ni de tus besos,
ni del café.
Son las cuatro de otro día
con otro hombre diferente.
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jueves, 5 de junio de 2008
jueves, 24 de abril de 2008
Las seis. Despertar.
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Apago el despertador.
Las seis.
Me revuelvo en la cama
queriendo encontrar tu cuerpo
unido a una mirada.
No estás.
Enciendo la luz
y te busco aún si verte.
Acaricio mi piel,
huelo a ti
y me refugio entre la sábana que arranco sin más.
En la otra habitación
te sorprendo entre papeles blancos
que cubres con palabras estrelladas
en sentimientos...
¿En sentimientos?
Recogo el libro de nuestra vida,
aquel que escribimos entre arena y sal
aquel que elaboramos con ilusiones
y esperanzas,
aquel que sentía,
que transmitía,
que lloraba y reía solo.
(Tirado en el suelo.)
En silencio lo dejo delante de ti
y en la portaba escribo.
RECUERDA.
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lunes, 21 de abril de 2008
Las 11 en tu reloj
.
Te encuentro tumbado en la cama,
boca abajo,
desnudo.
Roza la sábana hasta tu cintura,
la negra seda ansia descubrirte.
Me deslizo a tu lado perdiéndome con tu respiración
y decido dibujar suavemente formas en tu espalda
mientras uno los lunares a través de líneas imaginarias
con mis dedos,
después con mis labios,
húmedos,
ardientes,
quizás hambrientos, que más da.
Miras el reloj,
las once.
Me descubres y nos perdemos.
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Te encuentro tumbado en la cama,
boca abajo,
desnudo.
Roza la sábana hasta tu cintura,
la negra seda ansia descubrirte.
Me deslizo a tu lado perdiéndome con tu respiración
y decido dibujar suavemente formas en tu espalda
mientras uno los lunares a través de líneas imaginarias
con mis dedos,
después con mis labios,
húmedos,
ardientes,
quizás hambrientos, que más da.
Miras el reloj,
las once.
Me descubres y nos perdemos.
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jueves, 17 de abril de 2008
Las 5.
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Te vas.
Tras de ti un piano desafinado grita una despedida.
El aire congelado en una nube de humo
me asfixia.
Son las cinco.
Salgo a la ventana imaginando ver tu sombra perseguirte
y es mi deseo el que deja huella por debajo de tus pasos.
Pisoteado.
Cruzo la distancia del suicidio pero me rescata el tiempo.
Son las cinco menos tres minutos.
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Te vas.
Tras de ti un piano desafinado grita una despedida.
El aire congelado en una nube de humo
me asfixia.
Son las cinco.
Salgo a la ventana imaginando ver tu sombra perseguirte
y es mi deseo el que deja huella por debajo de tus pasos.
Pisoteado.
Cruzo la distancia del suicidio pero me rescata el tiempo.
Son las cinco menos tres minutos.
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sábado, 12 de abril de 2008
LAS 3
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Ya son las tres.
Te miro a los ojos y me encuentro poesía,
sabrosos versos que se mezclan
con la sal que hay en tus labios.
De tus manos salen palabras
melancólicas que desprenden belleza
y sin embargo esconden tristeza,
y me enamoran por ello, por su
simpleza y por ser tuyas.
Guardadas quedan en algún lugar
donde el corazón (seguro) llegue a encontrarlas,
y yo espero, aquí, a tu lado,
silenciosa,
observando como caen tus párpados.
(Me encanta)
Paseo mis dedos por tus pestañas,
luego los acerco a tus labios
y me quedo ahí, despierta,
queriendo parar el tiempo
y que sean las tres eternamente.
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Ya son las tres.
Te miro a los ojos y me encuentro poesía,
sabrosos versos que se mezclan
con la sal que hay en tus labios.
De tus manos salen palabras
melancólicas que desprenden belleza
y sin embargo esconden tristeza,
y me enamoran por ello, por su
simpleza y por ser tuyas.
Guardadas quedan en algún lugar
donde el corazón (seguro) llegue a encontrarlas,
y yo espero, aquí, a tu lado,
silenciosa,
observando como caen tus párpados.
(Me encanta)
Paseo mis dedos por tus pestañas,
luego los acerco a tus labios
y me quedo ahí, despierta,
queriendo parar el tiempo
y que sean las tres eternamente.
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